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14 de abr. de 2026

Antes que el sol

 


Crónica – Antes que el sol

Cada mañana, antes de que el sol abriera los ojos del cielo, ella ya estaba en camino.

No había prisa en sus pasos. Eran suaves, casi un susurro deslizándose entre la hierba húmeda. Subía la montaña no por hábito, sino por algo más profundo — un llamado silencioso que nacía del amor. Amor al silencio, al aire frío que despertaba la piel, a la vida que comenzaba a abrirse entre gotas de rocío.

Había algo en ese recorrido que no se explicaba.

La montaña no era solo un lugar. Era un espejo.

Al mirarla, ella se veía. En sus curvas reconocía sus propios sueños, las alturas que aún deseaba alcanzar, y también las sombras que había aprendido a aceptar en sí misma. No subía para conquistar la cima… subía para encontrarse.

Algunas mañanas, llevaba pensamientos pesados. Aquellos que se acumulan sin aviso, que se instalan en el pecho y dificultan el paso. Pero, al llegar arriba, algo cambiaba. No había esfuerzo en dejar ir. Era como si la altura le enseñara a soltar.

Y entonces… dejaba que cayeran.

Como piedras rodando hacia el valle, desapareciendo poco a poco hasta ya no pertenecerle.

Ela admirava a relva — essa extensão viva que sustentava seus passos — e o orvalho que brilhava como pequenos mundos suspensos no tempo. Cada gota carregava um sentido, uma promessa silenciosa de que tudo recomeça, mesmo sem ser percebido.

Quando o sol finalmente nascia, ela não precisava dizer nada.

Fechava os olhos.

E celebrava.

Não com palavras, mas com o corpo inteiro presente. Com a alma aberta, recebendo a luz que tocava seu rosto como quem reconhece algo familiar.

E assim, dia após dia, sem testemunhas, sem aplausos, sem necessidade de ser vista…

ela se transformava.

Um pouco mais montanha.
Um pouco mais amanhecer.

Sândra Camilo  

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