Páginas

10 de abr. de 2026

6 de noviembre de 2025


 

Hay historias que no comienzan.

No porque falte intención, ni porque no exista el sentimiento, sino porque el tiempo… simplemente no se abre para ellas.

Éramos promesa.

No una promesa dicha, ni escrita, ni siquiera pensada con claridad. Éramos esa sensación que aparece antes de tener nombre. Un reflejo que temblaba en el mismo camino, como si ambos supiéramos — sin decirlo — que algo estaba ahí.

Pero llegamos tarde.

Siempre hay un “tarde” en este tipo de historias. Tarde para mirarnos sin miedo. Tarde para decir lo que se quedaba atrapado en la garganta. Tarde para permitir que lo que sentíamos encontrara un lugar donde existir.

Nos dijimos poco.

Y, sin embargo, ese poco lo dijo todo.

El silencio hizo el resto. Se volvió testigo de lo que no supimos sostener, de lo que no nos atrevimos a nombrar. Porque hay silencios que no son ausencia… son exceso. Exceso de emoción, de duda, de todo aquello que no encuentra forma.

Y así nació…
la historia que no pasó.

Un amor que se escribió sin voz.

Dos almas que se rozaron casi por accidente, como si el destino hubiera querido mostrarnos algo… y luego retirarlo con la misma suavidad.

Te soñé.

No en noches concretas, ni en momentos definidos. Te soñé en ese lugar donde viven las posibilidades que nunca fueron. Te busqué en días que no existieron, en escenarios que mi mente construía para darte un espacio que la realidad no nos concedió.

Y, aun así, algo quedó.

Porque, aunque el mundo no nos vio bailar, mi corazón recuerda el compás.

Recuerda el ritmo de lo que pudo ser.
De lo que, por un instante, pareció real.

A veces pienso que hay amores que no están hechos para vivirse en este tiempo. Que existen solo para tocar, para despertar, para dejar una marca leve… pero eterna.

Quizás en otra vida.
En otro cielo.
En otra estación donde el tiempo llegue a tiempo.

Quizás ahí… seamos.

Pero aquí… fuimos apenas un susurro.

Y, aun así, fue suficiente para quedarse.

Porque hay historias que no pasan…
y, sin embargo, nunca se van.

Y hay amores que no se tocan…
pero quedan tatuados.

Para siempre.

escrito en 

Nenhum comentário:

Anuncios

Anuncios