Crónica – La ternura que resiste
No es fácil ser hombre en estos tiempos.
No lo digo desde la distancia, ni desde el juicio. Lo digo desde lo que he visto… desde lo que se siente cuando uno aprende a mirar más allá de lo evidente.
Porque a muchos de ellos les enseñaron a resistir.
A no llorar.
A no quebrarse.
A no pedir ayuda.
Les enseñaron a sostener el mundo… incluso cuando el suyo propio temblaba en silencio.
Y es en ese silencio donde todo ocurre.
He visto miradas que dicen más de lo que las palabras permiten. He sentido esos cansancios que se disfrazan de calma, esa forma tan precisa de parecer bien… cuando algo adentro pide descanso.
He visto cómo se tragan las palabras para no herir.
Cómo aprietan el orgullo para seguir adelante.
Cómo eligen callar… cuando lo que más necesitan es ser escuchados.
Y entonces comprendo:
no, no son de piedra.
Son carne, fuego y memoria.
Son historias que no siempre se cuentan. Son niños que alguna vez soñaron ser sol… y que, con el tiempo, aprendieron que también hay días de lluvia.
Y aún así… siguen.
Siguen sosteniendo.
Siguen intentando.
Siguen amando… a su manera.
Hoy no quiero hablar de lo que hacen.
Quiero hablar de lo que sostienen.
De aquello que nadie ve.
De lo invisible.
De lo que no se aplaude.
De las veces en que eligieron el amor, incluso cuando el mundo les enseñó la distancia. De la ternura que no siempre saben mostrar, pero que existe… insistente… esperando un lugar donde respirar.
Porque hay una ternura en ellos que resiste.
Resiste al tiempo, a las exigencias, a las capas que fueron aprendiendo a construir para protegerse.
Y cuando esa ternura aparece — aunque sea por un instante — todo se vuelve verdadero.
Hoy elijo mirar así.
No al hombre como rol.
No como expectativa.
Sino como presencia.
Como alguien que también necesita.
Que también duda.
Que también siente.
Hoy te honro…
no por lo que haces,
sino por lo que eres.
Por quedarte.
Por seguir creyendo en el bien.
Por cuidar, por intentar, por no rendirte a la frialdad del mundo.
Hoy te miro…
y te reconozco.
Porque detrás del hombre…
hay alma.
Y detrás del alma…
hay luz.




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