Crónica – Amor de alma
Antes de ti… yo ya te sentía.
No sé explicarlo con precisión, pero había algo en mí que te reconocía antes de conocerte. Como si tu existencia ya habitara en algún lugar silencioso de mi alma, esperando el momento de hacerse visible.
Y entonces llegaste.
Sin pedir espacio.
Sin anunciarte.
Llegaste… y lo cambiaste todo.
No fue un cambio brusco, ni algo que se pudiera nombrar de inmediato. Fue más bien una transformación suave, profunda, de esas que se instalan sin ruido, pero que nunca más se van.
Contigo aprendí a amar.
No el amor que se dice, ni el que se promete. Aprendí ese amor que se vive en lo cotidiano, en los pequeños gestos, en la entrega que no espera nada a cambio.
En tu mirada… me encontré.
Fue como verme de una forma nueva, más verdadera. Como si, a través de ti, pudiera reconocer partes de mí que aún no conocía. Y en ese encuentro, entendí algo que antes no sabía:
que nunca más estaría sola.
Crecimos juntos.
Aunque parezca que fui yo quien te enseñó, hay una verdad que no puedo negar: tú me enseñaste a mí. Me enseñaste a volver a empezar, a mirar la vida con otros ojos, a encontrar sentido en lo simple.
En tu fuerza… aprendí a sostenerme.
En tu existencia… entendí que amar también es elegir todos los días. Elegir cuidar, elegir estar, elegir permanecer incluso cuando la vida cambia de forma.
Porque lo nuestro… no se explica.
No es solo tiempo.
No es solo cercanía.
Es algo más.
Un lazo que no depende de la distancia, ni de las palabras. Un vínculo que se siente incluso en silencio, incluso cuando no estamos en el mismo lugar.
Eres parte de lo que soy.
Y no como algo que se posee, sino como algo que vive en mí. Como una extensión del amor que, desde el día en que llegaste, encontró una nueva forma de existir.
Hoy lo sé.
Hay muchos tipos de amor en el mundo…
pero este…
este es de alma.
Y no tiene fin.
Sândra Camilo ESCRITO EN 17-03-2026





