Páginas

2 de mai. de 2026

Cuando la vida guiña el ojo

  


Crónica – Cuando la vida guiña el ojo

La vida me guiña el ojo.

No siempre lo hace en los grandes momentos. A veces ocurre en lo más simple, en esos instantes en los que me sorprendo riendo sin razón, como si algo dentro de mí recordara que no todo necesita explicación.

Es ahí donde la vida aparece.

En el gesto pequeño.
En el cuerpo que se suelta.
En el viento que me encuentra cuando decido no resistir.

Hay días en los que bailo sin música.

No porque todo esté bien, sino porque elijo no quedarme detenida en lo que pesa. Bailo con el viento, con lo invisible, con aquello que no se ve pero se siente. Y, en medio de ese movimiento, me abrazo.

No como un acto de consuelo…
sino como una forma de presencia.

Porque he aprendido que estar conmigo también es un lugar.

Y, cuando sonrío, algo se abre.

Una sonrisa en los labios no es solo un gesto. Es una declaración. Es como decirle al universo, sin palabras, que sigo aquí. Que, a pesar de todo, hay en mí una parte que no se apaga.

“Aquí estoy para brillar.”

No desde la perfección.
No desde la ausencia de dolor.

Sino desde la elección.

Porque no todo es luz.

Lo sé.

Hay sombras, hay días nublados, hay momentos en los que el cuerpo se cansa y el alma pide silencio. Pero incluso ahí, en medio de lo que duele, existe una posibilidad.

La de elegir claridad.

No como negación de lo oscuro, sino como dirección. Como un gesto interno que dice: “puedo atravesar esto… sin perderme”.

Vivir con alegría, entonces, deja de ser un estado.

Se convierte en una práctica.

En una forma de mirar.
En una forma de respirar.
En una forma de sanar.

Y así, entre risas sin motivo, pasos que se mueven con el viento y abrazos que me doy a mí misma…

la vida vuelve a guiñarme el ojo.

Como quien sabe…
que entendí.

Sândra Camilo 

escrita en 

30 de abr. de 2026

Crônica – “Me chamam de amor”


 

Crônica – Me chamam de amor

Me chamam de amor.

No início, não entendia muito bem o porquê. Achava que era apenas uma forma bonita de dizer algo simples, quase como um apelido que se aceita sem questionar.

Mas, com o tempo, comecei a perceber…

Talvez não fosse o que diziam.
Talvez fosse o que viam.

Vejo luz.

Não aquela que se explica, nem a que se mede. Mas uma luz que aparece nos pequenos gestos, nos encontros inesperados, nos silêncios que acolhem.

Vejo flor.

E não apenas nos jardins. Vejo flor nas pessoas, nos olhares cansados que ainda tentam sorrir, nas histórias que insistem em florescer mesmo quando tudo parece seco.

Me chamam de terna.

E talvez seja verdade.

Porque gosto de plantar.
Plantar palavras, plantar presença, plantar cuidado.

Planto flor na terra…
mas também planto em gente.

Me chamam de quente.

E eu sorrio.

Porque abraço.

Abraço com o corpo, com o olhar, com a escuta. Abraço todos os dias muita gente — algumas de perto, outras apenas com o coração.

E, no fim, entendo…

Não é sobre como me chamam.

É sobre como escolho existir.

Entre luz e flor.
Entre gesto e presença.
Entre o que dou… e o que sou.

Se me chamam de amor…

talvez seja porque, em algum lugar,
eu aprendi a ser.

 Sândra Camilo

#Amo #LuzEFlor 

23 de abr. de 2026

La historia que no pasó

 


Crónica – La historia que no pasó

Hay historias que no comienzan.

No porque falte intención, ni porque no exista el sentimiento, sino porque el tiempo… simplemente no se abre para ellas.

Éramos promesa.

No una promesa dicha, ni escrita, ni siquiera pensada con claridad. Éramos esa sensación que aparece antes de tener nombre. Un reflejo que temblaba en el mismo camino, como si ambos supiéramos — sin decirlo — que algo estaba ahí.

Pero llegamos tarde.

Siempre hay un “tarde” en este tipo de historias. Tarde para mirarnos sin miedo. Tarde para decir lo que se quedaba atrapado en la garganta. Tarde para permitir que lo que sentíamos encontrara un lugar donde existir.

Nos dijimos poco.

Y, sin embargo, ese poco lo dijo todo.

El silencio hizo el resto. Se volvió testigo de lo que no supimos sostener, de lo que no nos atrevimos a nombrar. Porque hay silencios que no son ausencia… son exceso. Exceso de emoción, de duda, de todo aquello que no encuentra forma.

Y así nació…
la historia que no pasó.

Un amor que se escribió sin voz.

Dos almas que se rozaron casi por accidente, como si el destino hubiera querido mostrarnos algo… y luego retirarlo con la misma suavidad.

Te soñé.

No en noches concretas, ni en momentos definidos. Te soñé en ese lugar donde viven las posibilidades que nunca fueron. Te busqué en días que no existieron, en escenarios que mi mente construía para darte un espacio que la realidad no nos concedió.

Y, aun así, algo quedó.

Porque, aunque el mundo no nos vio bailar, mi corazón recuerda el compás.

Recuerda el ritmo de lo que pudo ser.
De lo que, por un instante, pareció real.

A veces pienso que hay amores que no están hechos para vivirse en este tiempo. Que existen solo para tocar, para despertar, para dejar una marca leve… pero eterna.

Quizás en otra vida.
En otro cielo.
En otra estación donde el tiempo llegue a tiempo.

Quizás ahí… seamos.

Pero aquí… fuimos apenas un susurro.

Y, aun así, fue suficiente para quedarse.

Porque hay historias que no pasan…
y, sin embargo, nunca se van.

Y hay amores que no se tocan…
pero quedan tatuados.

Para siempre.

Sândra Camilo - 

Anuncios

Anuncios