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23 de abr. de 2026

La historia que no pasó

 


Crónica – La historia que no pasó

Hay historias que no comienzan.

No porque falte intención, ni porque no exista el sentimiento, sino porque el tiempo… simplemente no se abre para ellas.

Éramos promesa.

No una promesa dicha, ni escrita, ni siquiera pensada con claridad. Éramos esa sensación que aparece antes de tener nombre. Un reflejo que temblaba en el mismo camino, como si ambos supiéramos — sin decirlo — que algo estaba ahí.

Pero llegamos tarde.

Siempre hay un “tarde” en este tipo de historias. Tarde para mirarnos sin miedo. Tarde para decir lo que se quedaba atrapado en la garganta. Tarde para permitir que lo que sentíamos encontrara un lugar donde existir.

Nos dijimos poco.

Y, sin embargo, ese poco lo dijo todo.

El silencio hizo el resto. Se volvió testigo de lo que no supimos sostener, de lo que no nos atrevimos a nombrar. Porque hay silencios que no son ausencia… son exceso. Exceso de emoción, de duda, de todo aquello que no encuentra forma.

Y así nació…
la historia que no pasó.

Un amor que se escribió sin voz.

Dos almas que se rozaron casi por accidente, como si el destino hubiera querido mostrarnos algo… y luego retirarlo con la misma suavidad.

Te soñé.

No en noches concretas, ni en momentos definidos. Te soñé en ese lugar donde viven las posibilidades que nunca fueron. Te busqué en días que no existieron, en escenarios que mi mente construía para darte un espacio que la realidad no nos concedió.

Y, aun así, algo quedó.

Porque, aunque el mundo no nos vio bailar, mi corazón recuerda el compás.

Recuerda el ritmo de lo que pudo ser.
De lo que, por un instante, pareció real.

A veces pienso que hay amores que no están hechos para vivirse en este tiempo. Que existen solo para tocar, para despertar, para dejar una marca leve… pero eterna.

Quizás en otra vida.
En otro cielo.
En otra estación donde el tiempo llegue a tiempo.

Quizás ahí… seamos.

Pero aquí… fuimos apenas un susurro.

Y, aun así, fue suficiente para quedarse.

Porque hay historias que no pasan…
y, sin embargo, nunca se van.

Y hay amores que no se tocan…
pero quedan tatuados.

Para siempre.

Sândra Camilo - 

20 de abr. de 2026

La ternura que resiste

 


Crónica – La ternura que resiste

No es fácil ser hombre en estos tiempos.

No lo digo desde la distancia, ni desde el juicio. Lo digo desde lo que he visto… desde lo que se siente cuando uno aprende a mirar más allá de lo evidente.

Porque a muchos de ellos les enseñaron a resistir.

A no llorar.
A no quebrarse.
A no pedir ayuda.

Les enseñaron a sostener el mundo… incluso cuando el suyo propio temblaba en silencio.

Y es en ese silencio donde todo ocurre.

He visto miradas que dicen más de lo que las palabras permiten. He sentido esos cansancios que se disfrazan de calma, esa forma tan precisa de parecer bien… cuando algo adentro pide descanso.

He visto cómo se tragan las palabras para no herir.
Cómo aprietan el orgullo para seguir adelante.
Cómo eligen callar… cuando lo que más necesitan es ser escuchados.

Y entonces comprendo:

no, no son de piedra.

Son carne, fuego y memoria.

Son historias que no siempre se cuentan. Son niños que alguna vez soñaron ser sol… y que, con el tiempo, aprendieron que también hay días de lluvia.

Y aún así… siguen.

Siguen sosteniendo.
Siguen intentando.
Siguen amando… a su manera.

Hoy no quiero hablar de lo que hacen.

Quiero hablar de lo que sostienen.

De aquello que nadie ve.
De lo invisible.
De lo que no se aplaude.

De las veces en que eligieron el amor, incluso cuando el mundo les enseñó la distancia. De la ternura que no siempre saben mostrar, pero que existe… insistente… esperando un lugar donde respirar.

Porque hay una ternura en ellos que resiste.

Resiste al tiempo, a las exigencias, a las capas que fueron aprendiendo a construir para protegerse.

Y cuando esa ternura aparece — aunque sea por un instante — todo se vuelve verdadero.

Hoy elijo mirar así.

No al hombre como rol.
No como expectativa.
Sino como presencia.

Como alguien que también necesita.
Que también duda.
Que también siente.

Hoy te honro…
no por lo que haces,
sino por lo que eres.

Por quedarte.
Por seguir creyendo en el bien.
Por cuidar, por intentar, por no rendirte a la frialdad del mundo.

Hoy te miro…
y te reconozco.

Porque detrás del hombre…
hay alma.

Y detrás del alma…
hay luz.


Sândra Camilo escrito en 

14 de abr. de 2026

Antes que el sol

 


Crónica – Antes que el sol

Cada mañana, antes de que el sol abriera los ojos del cielo, ella ya estaba en camino.

No había prisa en sus pasos. Eran suaves, casi un susurro deslizándose entre la hierba húmeda. Subía la montaña no por hábito, sino por algo más profundo — un llamado silencioso que nacía del amor. Amor al silencio, al aire frío que despertaba la piel, a la vida que comenzaba a abrirse entre gotas de rocío.

Había algo en ese recorrido que no se explicaba.

La montaña no era solo un lugar. Era un espejo.

Al mirarla, ella se veía. En sus curvas reconocía sus propios sueños, las alturas que aún deseaba alcanzar, y también las sombras que había aprendido a aceptar en sí misma. No subía para conquistar la cima… subía para encontrarse.

Algunas mañanas, llevaba pensamientos pesados. Aquellos que se acumulan sin aviso, que se instalan en el pecho y dificultan el paso. Pero, al llegar arriba, algo cambiaba. No había esfuerzo en dejar ir. Era como si la altura le enseñara a soltar.

Y entonces… dejaba que cayeran.

Como piedras rodando hacia el valle, desapareciendo poco a poco hasta ya no pertenecerle.

Ela admirava a relva — essa extensão viva que sustentava seus passos — e o orvalho que brilhava como pequenos mundos suspensos no tempo. Cada gota carregava um sentido, uma promessa silenciosa de que tudo recomeça, mesmo sem ser percebido.

Quando o sol finalmente nascia, ela não precisava dizer nada.

Fechava os olhos.

E celebrava.

Não com palavras, mas com o corpo inteiro presente. Com a alma aberta, recebendo a luz que tocava seu rosto como quem reconhece algo familiar.

E assim, dia após dia, sem testemunhas, sem aplausos, sem necessidade de ser vista…

ela se transformava.

Um pouco mais montanha.
Um pouco mais amanhecer.

Sândra Camilo  

escrito en 

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